Recién llegado a Vietnam conocí a mi primer partner. Al principio fue un flechazo, ambos queríamos hacer un proyecto similar, fue un match perfecto. Sin embargo, en muy poco tiempo la colaboración empezó a torcerse. Recibía muchos «síes» a mi visión del producto y planteamiento del roadmap. Ingenuo de mí, pensé que estaba liderando el proyecto, pero en realidad él tenía otras ideas; prácticamente íbamos en dirección opuesta. Cuando intenté sentarme a hablar para cerrar la etapa, lo único que obtuve fue un ghosting progresivo. Tiempo después, un amigo me lo resumió: «Ah, eso es muy normal, aquí no nos gusta la confrontación directa, preferimos dejar que corra el aire y listo».
En lo sentimental también me he llevado más de un rapapolvo por ser directo. Vengo de una cultura donde, en lo íntimo, nos decimos las cosas de forma mucho más clara. He soltado frases como «deberías ponerte las pilas», que suenan aquí más a un insulto que a una crítica ligera. Al principio piensas «pero si no he dicho nada raro», y no entiendes lo que a ti te parece una reacción desmesurada. En realidad tienes que lanzar pistas, adornar el mensaje y medir cada sílaba para que nada suene a crítica directa. Luego te das cuenta de que esa piel más gruesa que tenemos y el ser directos, en otras culturas nos hace parecer como cavernícolas sin tacto o filtro alguno.
Todos estos malentendidos ocurren tanto en el ámbito personal como profesional.
Anecdotas a parte, en lo que a cultura se refiere, los países se dividen entre los de alto y los de bajo contexto. Es una escala de grados y te puedes encontrar en un extremo, en el otro o flotando en el medio. Vietnam juega claramente en la liga del alto contexto: aquí el mensaje depende menos de lo que se dice de forma literal y mucho más de las señales no verbales, el tono y la situación. En lugar de soltar un «no» a la cara, la prioridad es proteger la armonía.
Para los que venimos de fuera, esto es un campo minado. El significado real se esconde tras la jerarquía, el estatus, los silencios y la necesidad constante de preservar la dignidad. Un «sí» cortés no siempre es un acuerdo, una sonrisa puede camuflar incomodidad y el silencio en una reunión no significa luz verde.

Como bien explica Julie Nguyen Sivanthaphanith, Coach y Consejera para Expats en Vietnam:
«Si estás liderando en Vietnam utilizando únicamente las palabras, es como ver una película sin sonido: en los subtítulos pone “sí”, no obstante, si escuchas el audio, dice “mmm… sí”, lo que no expresa una afirmación, sino duda o falta de certeza. En los silencios no puedes depender de los subtítulos; uno debe leer la situación y notar las señales no verbales. No se trata de hablar más, sino de escuchar mejor, incluso más allá de las palabras».
Lo curioso es que, en el fondo, los hispanohablantes no somos tan ajenos a esto. ¿Cuántas reuniones nos hemos tragado en España o Latinoamérica donde la charla es súper distendida, te caen genial, te dicen «perfecto, perfecto, mándame la propuesta y seguimos» y ambos sabéis perfectamente que en cuanto salgas por la puerta no os vais a volver a llamar en la vida? Se ha hablado de una colaboración con total entusiasmo y sonrisas de oreja a oreja, pero en realidad era un «no». En Alemania, esa misma reunión habría durado quince minutos exactos: datos sobre la mesa, si no hay encaje se dice a la cara, apretón de manos y a volar.
Aunque los españoles y latinoamericanos compartamos esa pertenencia al club de las culturas de alto contexto con vietnamitas, chinos o japoneses (y juguemos con cierta ventaja frente a un alemán o un estadounidense), de salida no leemos las mismas situaciones porque nos rigen códigos culturales distintos.

Para no meternos en líos en el día a día profesional en Vietnam, hay que tener muy presentes tres valores fundamentales:
1. La jerarquía marca el ritmo
El respeto por la veteranía impregna cada rincón de la vida laboral. El concepto de hiếu thảo (tradicionalmente ligado al respeto filial y hacia los mayores) salta de lleno a las oficinas, las salas de reuniones y el trato con proveedores. En la práctica, la edad, el cargo y la experiencia determinan quién lleva la voz cantante. Un empleado joven o de menor rango raramente va a rebatir abiertamente a un superior frente a todo el equipo; preferirá guardarse el comentario para decírselo en privado al terminar o esperará a que le den pie.
2. Cuidar la imagen pública (face) a toda costa
Aquí entra en juego el thể diện, que engloba la dignidad, el estatus y la reputación. Exponer las vergüenzas de alguien en público, soltar un desacuerdo tajante o tirar de sarcasmo delante del grupo es una bomba atómica para la confianza. Da igual que tengas más razón que un santo; si haces que el otro pierda la cara delante de sus compañeros, la relación comercial se resiente al instante.
3. Las relaciones mandan sobre el manual
El concepto de gia đình (familia) refleja la importancia que se le da a la lealtad, el sentido del deber y la responsabilidad hacia el grupo. En los negocios no significa que tengas que ir a cenar con la familia de tu socio todos los domingos, pero sí que la confianza no se compra con un buen powerpoint: se construye a base de fiabilidad, presentaciones de terceros y demostrando constancia. Por eso al principio todo puede parecer muy cauteloso y formal; tu contraparte vietnamita te está escaneando para saber quién eres, qué representas y si hay mimbres reales para construir una relación sólida y segura.
Estos tres pilares actúan como un sistema operativo invisible. Mientras que en Occidente priorizamos la eficiencia transaccional (vamos directos al grano, evaluamos el mérito individual y el contrato está por encima de todo), aquí la prioridad es la preservación del ecosistema social. En países vecinos ocurre exactamente igual: la armonía del grupo (Wa en Japón, Kihwa en Corea) se protege por encima de la verdad literal. Por eso, entender que en esta región el contexto pesa infinitamente más que el argumento puramente lógico es lo único que te salva de chocar contra una pared invisible una y otra vez.
Yo, por mi parte, sigo aprendiendo. Aun piso alguna mina de vez en cuando, ¡pero todo forma parte de la aventura del aprendizaje!
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